Libres de Verdad

26. Eternidad- ¡Abraza la cruz!

Season 1 Episode 26

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 23:17

El sufrimiento y el dolor unidos a los méritos de la Cruz de Cristo te santificarán. 

Si los aceptas con amor, como Cristo lo hizo con su Cruz por nuestra redención ¡tu vida jamás será la misma!

¡Ánimo!

SPEAKER_00

¿Alguna vez te has sentido perdido, sin misión y esperanza? Yo también experimenté ese vacío, pero un encuentro tocó mi corazón transformando mi vida. Hola, soy Brenda, y hoy quiero recordarte que en Medio del Mundo... Podemos perdernos volviéndonos esclavos. Pero hay alguien que ha roto las cadenas del pecado y de la muerte para siempre. Dios lo ha hecho por amor a ti, a mí, por nosotros, para que seamos libres de verdad. Mi tesoro Conmovida y con los ojos desbordantes de amor, le decía a una de mis grandes amigas ancianitas de la parroquia, a la imagen del sagrado corazón de Jesús dentro de la iglesia. En tal cuadro se aprecia a Jesús con las manos extendidas, mostrando sus llagas gloriosas, con una mirada cargada de amor divino, como presuroso para fundirse en un abrazo con quien lo mira. Pero debo decir que lo que más me ha impactado es el amor que ella le muestra siempre a Cristo en la cruz. Recuerdo las primeras veces en que comencé a asistir a la parroquia, lo que me ayudó a convivir y conocer fieles del lugar. Me viene a la mente aquella mañana, cuando me encontraba en silencio, mirando hacia el Cristo en lo alto detrás del altar antes de que empezara la misa. De pronto, ante todos nosotros que orábamos o meditábamos en silencio, una señora de edad avanzada se paró frente a los escalones del altar. Hizo una profunda reverencia y por el costado izquierdo comenzó a subir los escalones lentamente. Saludó a Cristo en el Sagrario, pero continuó hasta el fondo, hacia el gran crucifijo en la pared. Ante los pies traspasados de Jesús, se acercó para besarlos como si Cristo mismo estuviera aún sufriente. Y elevando sus arrugadas manos, las pasó por ambas rodillas sangrantes y se hizo la señal de la cruz lentamente. Miré a mi alrededor y noté que los asiduos fieles de aquella parroquia ya conocían este devoto acto de su parte. Eso lo llevaba realizando desde hacía años. Para mí, era la primera vez que lo presenciaba. Pude sentir cómo se iba sacudiendo mi tibieza. Esta era un alma enamorada, de verdad, a quien el sufrimiento no le asustaba, sino que le unía a su Señor, a su Salvador. Pasaron los años y resulta que nos hicimos muy, muy amigas. Al irla conociendo más a la luz de la fe, en el rezo del Santo Rosario, yendo juntas a adoración o a la Santa Misa, no pude evitar notar que su amor por Cristo crucificado era muy profundo y a la vez natural. En su propia vida, ella había experimentado el sufrimiento en su carne por enfermedades, dolores crónicos, soledad, incomprensión, así como el duelo por la muerte de su esposo. Pero siempre, sin excepción, allí iba ella, al Cristo crucificado, como si quisiera aliviar su dolor, uniendo el de ella al de Jesús. Cuántas veces al observarla realizar aquello desde mi banca, pensé en silencio. Señor, concédeme un corazón enamorado por ti. Concédeme su pequeñez y humildad. Concédeme aceptar el sufrimiento, no como un castigo, sino como una cruz que me santifica. Dios siempre nos está hablando. tocando a nuestro corazón, a veces de formas inesperadas. Fue así que, un buen día, al finalizar la misa, me pidió que la acompañara para evitar caerse, pues su vejez le imposibilitaba caminar con fluidez, por lo que gustosa acepté. Pero qué sorpresa fue la mía cuando, estando allí, como si el tiempo retrocediera hasta el mismísimo calvario, vi de cerca sus pies traspasados por un enorme clavo, y no pude evitar sentir un nudo en la garganta. Mis manos se apresuraron a tocar sus pies y elevando la mirada lo miré como si fuera aquel mismo día de la crucifixión. Su cabeza recostada y sus ojos cerrados mostraban que ya había expirado. Su costado estaba abierto y rojizo. Me imaginé arropada por la Santísima Virgen quien con gran dolor soportaba aquella escena junto a san juan moriste por mí jesús para salvarme de mi pecado clamaba mi corazón como intentando comprender el infinito amor que eso significaba Estuvimos algunos cinco minutos, pero me pareció eterno. Verlo de cerca lo cambiaba todo. Ver sus heridas, la sangre brotando por ellas, aunque era tan solo una escultura, cuánto me tocó el alma. Cerca de Cristo, era como si el sufrimiento ya no asustara, sino todo lo contrario. Era como el regalo que un rey celestial concedía a sus más allegados servidores, como medio para purificar crucificarlos elevarlos hacia él cuán cierto es lo que Jesús mismo aseguró y yo cuando sea levantado de la tierra atraeré a todos a mí mismo en realidad no hemos sido creados para el dolor ni el sufrimiento pero el pecado entró en el mundo El Magisterio y el Catecismo nos iluminan con las siguientes palabras. El sufrimiento no forma parte del designio creador de Dios. Es una consecuencia del pecado original y de las elecciones libres del hombre que introdujeron la desarmonía en la creación. Dios no goza del sufrimiento, aunque lo permite. Él es un Dios compasivo que envió a su único Hijo para redimirnos de este pecado original, de esta herida en nuestra alma. Así, el sufrimiento adquiere un valor positivo y salvífico a la luz del misterio de la redención. Unido a la pasión de Cristo, se convierte en participación de su obra de salvación, fuente de crecimiento espiritual y esperanza. El sufrimiento nos une a Dios en la cruz. San Juan escribe en su primera carta algo realmente impresionante si lo meditamos. Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros. Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de Él. En esto está el amor. No es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Además, San Pablo les dirá a los romanos,«Un solo hombre hizo entrar el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte». Después, la muerte se propagó a todos los hombres ya que todos pecaban, pero otro Adán superior a este había de venir. Así fue la caída, pero el don de Dios no tiene comparación. Todos mueren por falta de uno solo, pero la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre. Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, así también debía reinar la gracia. Y después de restablecernos en la amistad con Dios, nos llevará a la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor. No podemos olvidar que al predicar, Jesús, siendo Dios mismo, les descubrió a sus discípulos un rasgo esencial si queremos salvarnos. El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida, la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará.¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo?¿Qué dará para rescatarse a sí mismo? Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre rodeado de sus ángeles y entonces recompensará a cada uno según su conducta escuchaste bien sus palabras el que quiera seguirme que renuncie a sí mismo cargue con su cruz y me siga Lo que me recuerda a la bellísima frase de la Santa Madre Teresa de Calcuta que dice, El dolor y el sufrimiento no son más que el beso de Jesús, una señal de que te has acercado tanto a Él que Él puede besarte. Considera la vida de un santo de la iglesia, hasta de un apóstol, que jamás haya sufrido.¡No existe! Lo que sí es visible es que no solo sufrieron, sino que amaron su cruz, volviéndola un medio para su santificación. Pues donde hay amor verdadero, hay sacrificio. Me parece precioso lo que la plataforma digital Catholic Link compartía en uno de sus artículos. En Getsemaní, mientras otros duermen en aquella noche oscura, tú puedes decirle... Hablemos Señor, yo te acompaño, yo te quiero consolar, yo te escucho. E inmediatamente te percatarás de las palabras que también Jesús te dirige a ti en momentos de sufrimiento. Hablemos, yo te acompaño, estoy contigo, yo te escucho. Como dos amigos que pasan por momentos difíciles y se comparten lo más hondo del corazón, el diálogo con Dios se hace cercano, real. Cuando cuesta en la subida al Calvario, cuando pensamos que nos ahoga la multitud y Jesús está lejano y no oye, nos encontramos con la Virgen María. Entonces le preguntamos a ella cómo permanecer al lado de su hijo, si puede llevar nuestras plegarias hasta él. Y como buena madre, ella misma nos conduce y nos enseña a rezar, a esperar en las promesas de Dios. Qué cierto es que cuando buscamos a Jesús, siempre nos topamos con María en el camino. Ella también sufrió muchísimo, tal como le fue profetizado por el anciano Simeón. y a ti una espada te atravesará el alma. Por este medio saldrán a la luz los pensamientos de los hombres. Esa espada representa el inmenso dolor espiritual y emocional que experimentaría, no solo en la crucifixión, sino a lo largo de la vida de Jesús, al ver el rechazo de muchos hacia Él. Sin embargo, ella se mantuvo firme, esperanzada en las palabras de su Hijo amado,«Al tercer día resucitaré». En 1998, el Papa San Juan Pablo II les dirigió a los jóvenes con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud en Roma estas preciosas palabras que hoy también son para ti. La cruz se ha de acoger ante todo en el corazón y después se ha de llevar en la vida. Muchos cristianos han abrazado la cruz a lo largo de los siglos. Hoy queremos proclamar con vigor el Evangelio de la Cruz, de Jesús muerto y resucitado para el perdón de los pecados. Este anuncio salvífico, que asegura a los creyentes la vida eterna desde el día de Pascua, no ha dejado nunca de resonar en el mundo.¿No es la cruz el mensaje del amor de Cristo, del Hijo de Dios que nos amó hasta ser clavado en el madero de la cruz? Sí. La cruz es la primera letra del alfabeto de Dios. La cruz no es algo extraño para la vida de todo hombre y mujer de cualquier edad, pueblo y condición social. La cruz está inscrita en la vida del hombre. Querer excluirla en la propia existencia es como querer ignorar la realidad de la condición humana. Hemos sido creados para la vida y, sin embargo, no podemos eliminar de nuestra historia personal el sufrimiento y la prosperidad. eva no experimentáis también vosotros diariamente la realidad de la cruz cuando en la familia no existe la armonía cuando aumentan las dificultades en el estudio cuando los sentimientos no encuentran correspondencia cuando resulta casi imposible encontrar un puesto de trabajo cuando por razones económicas os veis obligados a sacrificar el proyecto de formar una familia cuando debéis luchar contra la enfermedad y la soledad Y cuando corréis el riesgo de ser víctimas de un peligroso vacío de valores,¿no es acaso la cruz la que los está interpelando? Una difundida cultura de lo momentáneo, que asigna valores sólo a lo que parece hermoso y a lo que agrada, quisiera hacernos creer que hay que apartar la cruz. Esta moda cultural promete éxito, invita a una sexualidad vivida sin responsabilidad y a una existencia carente de proyectos y de respeto a los demás. Abrid bien los ojos, queridos jóvenes. Este no es el camino que lleva a la alegría y a la vida, sino la senda Dice Jesús, Jesús no nos engaña. Con la verdad de sus palabras que parecen duras, pero llenan el corazón de paz, nos revela el secreto de la vida auténtica. Él, aceptando la condición y el destino del hombre, venció el pecado y la muerte, y resucitando transformó la cruz de árbol de muerte en árbol de vida. Es el Dios con nosotros que vino para compartir toda nuestra existencia. No nos deja solos en la cruz. Jesús es el amor fiel que no abandona y que sabe transformar las noches en albas de esperanza. Sin Dios, la cruz nos aplasta. Con Dios, nos redime y nos salva. Todo esto es posible, como sabéis, gracias al sacramento del bautismo que nos une íntimamente a Cristo muerto y resucitado y nos da el Espíritu Santo. El Espíritu del amor que brotó del misterio pascual y se derramó en abundancia sobre cuantos confirman su bautismo con el sucesivo sacramento de la confirmación. Quiero recordar que vivir el bautismo significa aceptar la cruz con fe y amor, no solo en su valor de prueba, sino también en su inseparable dimensión de salvación y resurrección. Toma la cruz, acéptala, no dejes que los acontecimientos te hundan, al contrario, vence con Cristo el mal y la muerte. Si haces del Evangelio de la cruz tu proyecto de vida, si sigues a Jesús hasta la cruz, Amén. Amén. Amén. San Cipriano nació en Cartago en torno al año 210 d.C. Fue bautizado a sus 35 años y en el año 248 sería nombrado obispo de Cartago. Pero sucedería que a causa de la persecución del emperador Decio, que obligaba a adorar a los dioses de Roma, San Cipriano, oponiéndose a ello, se vio obligado a vivir en clandestinidad. y desde su exilio dirigía la comunidad cristiana. Finalmente, arrestado, se le condenó al martirio, lo que ocurrió en el año 258, muriendo decapitado. Este gran obispo del siglo III nos anima aún hoy con sus palabras redactadas en una carta, que llenas de fervor nos exhortan a perseverar. Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea. Rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue demostremos que somos lo que creemos debemos pensar y meditar hermanos muy amados que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos para nosotros nuestra patria es el paraíso allí nos espera un gran número de seres queridos nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres hermanos e hijos seguros ya de su felicidad pero solicitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos. La felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin. Allí está el coro celestial de los apóstoles. la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión. Allí, las vírgenes triunfantes que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo. Allí, los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes. Los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladar Amén. Gracias por reconocer que Dios te ama y te espera junto a Él para siempre. El dolor y el sufrimiento aparecen en la vida de todo ser humano sin excepción, pero la diferencia es cómo llevas tu cruz, arrastrando o como instrumento de tu santificación. Cristo te invita cada amanecer a que la cargues con perseverancia y lo sigas. Él te ayudará con su gracia para sostenerte en cada momento. Él va contigo. Te invito a reflexionar esto a lo largo del día. Durante una homilía, el padre Javier Carralón, perteneciente al Instituto Secular Stabat Mater, pronunció un corto pero poderoso mensaje que te animo a recordar siempre. Cuando estés tentado, cuando el mundo te agobie, cuando sientas que no puedes más, recuerda que has sido hecho para la vida eterna. Ofrécele a Dios tu sufrimiento, lleva tu cruz con alegría, mientras repites convencido, Eternidad, eternidad, eternidad. Todo da su fruto en la eternidad. Anímate, elige seguir a Cristo cada día con todo tu corazón. No importa si caes, acércate al sacramento del perdón y confía en su divina misericordia. No temas que Él te sostiene en cada paso, recibelo en cada eucaristía. Avanza por el camino de la santidad, pues solamente así somos libres de verdad.