Libres de Verdad

28. Ángeles - La verdadera lucha ¡es espiritual!

Season 1 Episode 28

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El santo español Josemaría Escrivá tiene, entre muchas, dos frases preciosas: "Dios siempre gana. Si eres su instrumento, tú también vencerás, porque pelearás las batallas de Dios". 

"Recuérdalo bien y siempre: aunque alguna vez parezca que todo se viene abajo ¡no se viene abajo nada! Porque Dios no pierde batallas". 

Pero... ¿Contra quién peleamos exactamente? Nuestra lucha no es contra hombres, sino contra seres angélicos caídos y su reino de tinieblas. 

Y tú, ¿estás preparado?

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¿Alguna vez te has sentido perdido, sin misión y esperanza? Yo también experimenté ese vacío, pero un encuentro tocó mi corazón transformando mi vida. Hola, soy Brenda, y hoy quiero recordarte que en medio del mundo podemos perdernos volviéndonos esclavos. Pero hay alguien que ha roto las cadenas del pecado y de la muerte para siempre. Dios lo ha hecho por amor a ti, a mí, por nosotros, para que seamos libres de verdad. Era el 31 de diciembre del 2015, cuando el Papa Francisco le recordó al mundo entero sobre la lucha que solemos ignorar entre redes sociales, trabajo, cafés y entretenimiento. Sus palabras fueron sencillas, pero profundas al proclamar. En el mundo existe la lucha entre el bien y el mal. dicen los filósofos. Pero es la lucha entre el demonio y Dios. Esto existe todavía. Cuando a cada uno de nosotros le vienen las ganas de hacer una maldad, esa pequeña maldad es una inspiración del diablo, que a través de la debilidad que ha dejado en nosotros el pecado original, te lleva a esto. Se hace el mal en las pequeñas cosas como en las cosas grandes. Es una guerra contra la verdad de Dios, la verdad de la vida contra la alegría esta lucha entre el diablo y dios dice la biblia que continuará hasta el fin por ello en una de sus homilías el papa francisco pronunció a esta generación y a muchas otras se les ha hecho creer que el diablo era un mito una figura una idea la idea del mal Pero el diablo existe y nosotros debemos combatir contra él. Lo dice San Pablo, no lo digo yo, lo dice la palabra de Dios. Y vaya que tenía razón, porque el fundamento bíblico sobre la lucha contra el demonio está en la carta de San Pablo a los Efesios, capítulo 6, versículos del 11 al 17, que revelan lo siguiente. Lleven con ustedes todas las armas de Dios para que puedan resistir las maniobras del diablo, pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba. Por eso, pónganse la armadura de Dios para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza. Tengan buen calzado, estando listos para propagar el evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, de la palabra de Dios. ¿Cómo sabían los apóstoles de esta batalla espiritual? lo vivieron en carne propia al ser testigos de las numerosas expulsiones de demonios realizadas por el mismísimo Dios encarnado, Jesús. De hecho, Él mismo les daría el poder para llevar a cabo exorcismos en su nombre. Luego, enviaría a los 72 discípulos, quienes quedarían impresionados, llegando a exclamar, ¡Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre! A lo que Cristo respondió, Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo, y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo. La página oficial de los Legionarios de Cristo nos adentra un poco más en este tema al descubrirnos que... Inmediatamente después del episodio del bautismo, los evangelios relatan que Jesús se retira al desierto, donde fue tentado por Satanás. Jesús se muestra solidario con nuestra frágil naturaleza humana y se convierte en nuestro gran ejemplo. Las tentaciones que atraviesa y que supera en medio de las áridas piedras del desierto son la primera enseñanza que imparte a nuestra vida de discípulos. Él experimentó lo mismo que nosotros Dejando claro que debemos prepararnos en todo momento para afrontar la vida con sus desafíos, pruebas, encrucijadas, seducciones ocultas, voces contradictorias. Algunas voces incluso son persuasivas, tanto que Satanás tentó a Jesús recurriendo a las palabras de la Escritura. Por eso es importante reflexionar sobre los vicios y las virtudes. nos ayuda a superar la cultura actual en que los contornos entre el bien y el mal permanecen borrosos. Y al mismo tiempo, nos recuerda que el ser humano, a diferencia de cualquier otra criatura, siempre puede trascenderse a mismo, abriéndose a Dios y caminando hacia la santidad. El combate espiritual nos conduce a mirar desde cerca aquellos vicios que nos encadenan y a caminar con la gracia de Dios hacia aquellas virtudes que pueden florecer en nosotros, saliendo victoriosos de la mano de Cristo. Es precioso saber que la iglesia es madre y maestra. Por ello nos enseña que hay dos formas de exorcismos, los menores y los mayores. ¿Sabías que un exorcismo menor tiene lugar en el rito del bautismo? En aquel sacramento reza el celebrante con estas palabras. Dios todopoderoso y siempre vivo, enviaste a tu Hijo único al mundo para expulsar el poder de Satanás, Espíritu del mal, rescatar al hombre del reino de las tinieblas y llevarlo al esplendor de tu reino de luz. Te pedimos por este niño o niña, libéralo del pecado original, haz de él o ella un templo de tu gloria y envía a tu Espíritu Santo para que habite con él o ella. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Por su parte, los exorcismos mayores son diferentes, ya que sólo los obispos o sacerdotes con permisos especiales pueden realizar este tipo de exorcismos, que están dirigidos a la expulsión de demonios o a la liberación de una persona de la posesión demoníaca. Según el exorcista estadounidense, el padre Vincent Lambert, hay cuatro criterios principales que la iglesia utiliza para establecer un caso válido de posesión demoníaca en un individuo. 1. La capacidad de hablar y comprender lenguas que de otro modo serían desconocidas para el individuo. 2. Mostrar una fuerza extraordinaria más allá de la capacidad normal del individuo. 3. Una percepción elevada con conocimiento más allá del poder natural, es decir, información que de otro modo sería desconocida para el individuo. 4. Una fuerte resistencia a los lugares sagrados, a un crucifijo, al agua bendita, a las reliquias por mencionar algunos. Es sorprendente que en el reciente siglo XX, el fraile capuchino que llevó los estigmas durante 50 años, San Padre Pío, en sus cartas escribía con frecuencia sobre ser conscientes de las batallas espirituales a las que nos enfrentamos, exhortando con estas palabras. Ahuyenta lo que el enemigo te susurra en voz alta cuando quiere hacerte creer que estás casi a punto de perderte. A pesar de estas insinuaciones malignas, el Señor está contigo como nunca en tus tribulaciones. Dios nos lo dice. Anímate pues y no temas, porque es muy cierto que el que teme perderse no se perderá y el que lucha con los ojos fijos en Dios gritará la victoria y el himno triunfal no hay nada que temer pues el padre celestial nos ha prometido la ayuda necesaria para evitar que nos venzan las tentaciones pero como llegamos aquí podemos estarnos preguntando no será que ha sido una invención de la iglesia para mantenernos sometidos no será acaso que el mal es una energía o un karma y nada más ¿Cuánto resalta la frase del poeta francés del siglo XIX, Charles Baudelaire, cuando escribió El truco más grande que el diablo hizo fue convencer al mundo de que no existía. Considéralo. ¿Quién se pondría su traje de batalla? ¿Quién entrenaría y velaría cada noche? ¿Qué soldado desenvainaría su espada si cree que no hay enemigo que lo ataque? La palabra de Dios nos advierte tajantemente en el libro de Sirácides. Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba. Me parece que este artículo de la página web catolic.net arroja mucha luz sobre este tema de la batalla espiritual de origen angélico, que relata lo siguiente. La rebelión de los ángeles. Hay un hecho comprobado por la Sagrada Escritura y presente en la fe de los creyentes a lo largo de todos los siglos, que no lo podemos negar. La existencia del mal en el mundo, que tiene su origen en el espíritu caído, en el maligno, como lo llamará Jesucristo. El Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales 391 al 395 remarca la importancia grande de este punto de nuestra fe, la la caída de esos ángeles que fueron rebeldes volviéndose nuestros enemigos. Si queremos precisar cómo fue su caída, hemos de recoger en la Sagrada Escritura muchas piececitas sueltas y recomponer con ellas el mosaico que resulta impresionante y que puede explicarse así. Al crear Dios la multitud inmensa e incontable de los ángeles, estos se ven sometidos a una prueba. Dios les pide un acto de fe y de amor, ya que han sido creados libres. Sin embargo, este acto es rechazado por muchos de ellos. ¿En qué consistió su pecado? Recogemos las siguientes piezas del mosaico que encontramos en la Biblia, al igual que en la enseñanza de los teólogos, resultando en la siguiente noticia. Uno de los ángeles más grandes llamado Lucifer se preguntó soberbio, ¿Dios? ¿Y por qué no voy a ser yo como Dios? ¿Por qué no puedo yo escalar su trono? ¿Que ese hombre Dios que se nos muestra a la distancia llamado Jesucristo va a ser mi Señor y que tengo yo que adorarle un día? Yo no me someto, yo no serviré. Sucede así, que como una chispa, corre entre los ángeles el grito de la rebelión. Una multitud angélica va repitiendo el grito rebelde, «¡Nunca no te serviremos!». Pero en medio de la apostasía de muchos, se alzó el grito de otro ángel valiente. ¿Quién como Dios? Esto significa Micael. Miguel, ¿quién como nuestro Dios? Toma lugar una lucha gigantesca ante las puertas del cielo entre el orgullo y la humildad, entre la obediencia y la rebeldía, entre el amor y el egoísmo. Al chocar el pecado contra la santidad de Dios, se encienden las hogueras infernales, en las que se precipitan aquellos millones y millones de demonios, creados buenos por Dios, pero que se hicieron malos a mismos. Y como dice el apóstol San Pedro en su segunda carta, Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los precipitó en el infierno y los sumergió en el abismo de las tinieblas donde están reservados para el juicio también el apóstol san judas tadeo escribió en su carta que en cuanto a los ángeles que no supieron conservar su preeminencia y abandonaron su propia morada el señor los tiene encadenados eternamente en las tinieblas para el juicio del gran día Jesús dirá después en el Evangelio, haciendo alusión a esta primera caída. Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Después... El libro del Apocalipsis describe que Entonces se libró una batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón y éste contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo. Y así fue precipitado el enorme dragón, la antigua serpiente llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles. El dragón enfurecido se fue a luchar contra la descendencia de la mujer contra los que obedecen los mandamientos de Dios y a los que mantienen el testimonio de Jesús. Católicos con Acción, plataforma digital en que laicos comprometidos evangelizan en la vida cotidiana, en su artículo El Combate Espiritual del Cristiano, nos sumerge aún más en estos tres puntos clave que debemos recordar. Número 1. El demonio. El demonio es un ser eminentemente espiritual, de naturaleza angélica y condenado eternamente, que posee cierto poder, el cual utiliza contra nosotros con la finalidad de alejarnos de Dios. Pero él ya ha sido derrotado por el triunfo de Cristo en la cruz. Aún así, la lucha sigue para los cristianos. Por ello el maligno ronda como león rugiente buscando a quien devorar. El demonio busca separarnos de Dios. porque le odia con todas sus fuerzas, y para lograr su cometido se vale de la tentación. Por medio de ella, el demonio busca que desconfiemos de Dios, de su amor y su bondad, que le rechacemos y que nos volvamos contra sus designios amorosos. La clave de la tentación es dividir, separar al hombre de Dios y de mismo, confundiéndolo con ideologías retorcidas. Es importante recordar que nuestra lucha es contra fuerzas que no son de este mundo, pero que con el socorro de nuestro Señor, de los ángeles y de los santos, podemos vencer. Número 2. El mundo. Nuestra lucha no solo es contra el maligno, sino también contra el mundo. Y es que el mundo en mismo no es malo, pero ha sido corrompido y deformado por el demonio, quien ha hecho que se vuelva contra Dios. Este mundo es totalmente diferente y opuesto al mundo que Dios creó para la humanidad y los demás seres que lo habitan, ya que este mundo manchado por el demonio engloba una materialización que rechaza y olvida a Dios, que promueve antivalores, normas y criterios totalmente opuestos al evangelio predicado por Jesús. Este mundo caído nos presenta el tener, el poder y el placer como fuentes de éxito superficial, convirtiendo al individuo en un simple producto a merced de los caprichos de la sociedad, despreciando la verdadera esencia del individuo, su dignidad humana. Este mundo ejerce una sutil influencia en las personas de todos los tiempos. Y nosotros, los cristianos católicos, no somos la excepción. Por eso nosotros debemos ir contra la corriente del mundo. No podemos dejarnos llevar por sus influencias. En esto consiste nuestra lucha. Jesús mismo proclamó, Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo... El mundo los amaría como cosa suya, pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. 3. La carne. Nuestra lucha no solo es contra el demonio o el mundo corrompido por él. Sería irresponsable de nuestra parte culpar siempre al demonio o al mundo de nuestras caídas y de nuestra rebeldía hacia Dios. El apóstol Santiago lo expone en su carta al expresar, Nadie al ser tentado diga que Dios lo tienta. Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por sus malos deseos que lo atraen y lo seducen. De ellos nace el pecado y este, una vez cometido, engendra la muerte. Tengamos algo claro. El ser humano no es malo por naturaleza, porque Dios lo creó bueno y perfecto. pero al darle cabida al pecado, es el hombre quien deforma esa naturaleza. Y aunque sigue siendo bueno y perfecto por ser creación divina, está inclinado a obrar contrario a la voluntad de Dios, dejándose llevar por las pasiones de la carne que enturban su espíritu. Cristo nos reveló que del corazón del hombre y no del exterior, brota todo lo que nos mancha al resaltar que del corazón proceden las malas intenciones los homicidios los adulterios las fornicaciones los robos los falsos testimonios las difamaciones Qué importante es la comunicación constante con nuestro Padre Celestial y recurrir al mejor exorcismo de todos, el sacramento de la reconciliación. Pues la confesión no solo libera el cuerpo del maligno, sino que resucita el alma restableciendo la gracia perdida por el pecado. El sacramento de la confesión renueva nuestra preciosa amistad con Dios. En lo personal, leer y aprender sobre los combates espirituales que los santos experimentaron en sus propias vidas me llena de esperanza y fortaleza. Pensar que ellos estaban hechos del mismo barro que yo. Pero eso sí, perseveraron en la oración y sobre todo en dos sacramentos importantísimos. la confesión y la eucaristía. Estoy segura que escuchar estos dos ejemplos será de gran provecho espiritual para ti como lo ha sido para mí. San Antonio el Grande Este santo vivió entre los siglos III y IV d.C. Fue uno de los primeros monjes en retirarse al desierto para vivir entregado al ayuno y la oración. De hecho, la iglesia conoce su historia gracias a su biógrafo, el obispo de Alejandría, San Atanasio. Se narra que cuando la gente visitaba San Antonio, en las ruinas donde vivía, escuchaban como un gran tumulto, muchas voces y el choque de armas. Veían que durante la noche aparecían bestias salvajes y que el santo combatía contra ellas mediante la oración. Se relata que en una ocasión cuando tenía 35 años, San Antonio decidió pasar la noche solo en una tumba abandonada. Allí un grupo de demonios apareció y lo hirieron. a tal punto que los arañazos del demonio le impidieron levantarse del suelo. El ermitaño comentaba que el dolor causado por esta tortura demoníaca no se comparaba a ninguna herida causada por el hombre. Al día siguiente, un amigo suyo lo encontró y lo llevó al pueblo más cercano para curarlo. Sin embargo, cuando el santo recuperó el sentido, le pidió a su amigo que lo llevara de vuelta a la tumba, por lo que al dejarlo allí, su amigo San Antonio gritó, «Aquí estoy, yo, Antonio, no huiré de tus latigazos y ningún dolor ni tormento me separará del amor de Cristo». los demonios regresaron y ocurrió lo siguiente. Resonó un estruendo semejante a un terremoto que sacudió todo el lugar y los demonios salieron de las cuatro paredes en formas monstruosas de bestias y reptiles. Aquel sitio se llenó de leones. Osos, leopardos, toros, serpientes, escorpiones y lobos. El león rugía, deseando atacar. El toro se preparaba para embestir con sus cuernos. La serpiente se arrastraba buscando un punto de ataque y el lobo gruñía rodeándolo. Todos estos sonidos eran aterradores. Aunque San Antonio jadeaba de dolor, enfrentó a los demonios extraños. Exclamando. Si ustedes tuviesen algún poder, habría bastado que solo uno de ustedes viniera. Pero como Dios los hizo débiles, ustedes quieren atemorizarme con su gran número. Y la prueba de su debilidad es que han tomado la forma de bestias brutas. Si son capaces y si han recibido un poder en mi contra, atáquenme de una vez. Pero si no son capaces, ¿por qué me perturban en vano? Porque mi fe en Dios es mi refugio. De repente, el techo se abrió y una luz brillante iluminó la tumba. Los demonios desaparecieron y los dolores cesaron. Al darse cuenta de que Dios lo había salvado, San Antonio oró. ¿Dónde estabas? ¿Por qué no te apareciste desde el principio y me libraste de los dolores? A estas preguntas Dios le respondió. Antonio, yo estaba allí, pero esperé para verte pelear. Como has perseverado en la lucha y no No has caído, siempre estaré dispuesto a socorrerte y haré famoso tu nombre en todas partes. Luego de escuchar las palabras de su Señor, el monje se levantó y oró. Entonces recibió tanta fuerza que sintió que tenía más poder en su cuerpo que antes. Santa Teresa de Ávila Esta reconocida doctora de la iglesia y mística del siglo XVI tuvo muchas visiones espirituales. En medio de sus oraciones y meditaciones, el demonio se le aparecía. «Una forma abominable», escribía ella. «Su boca era horrenda, no tenía sombra, sino que estaba cubierto por llamas de fuego». Se narra que el demonio le causaba fuertes dolores corporales. En una ocasión la atormentó durante cinco horas mientras estaba en oración con sus hermanas. Incluso para ella estas visiones eran extrañas. «Rara vez lo he visto en forma corporal. A menudo no veo su apariencia física, pero que está allí». ¿Cuáles eran sus armas contra las fuerzas del mal? La oración, la humildad y muy interesante, el agua bendita. Santa Teresa decía que esta última era un arma eficaz. Cuenta que una vez estaba en un oratorio y el demonio se le apareció al lado izquierdo. Le dijo que por ahora se había liberado de sus manos, pero que él la capturaría de nuevo. Ella se asustó y se santiguó. Sin embargo, Satanás continuó perturbándola. Acto seguido, Santa Teresa tomó un frasco de agua bendita y derramó el agua sobre él. Después de ese día, nunca más volvió. ¡Qué interesante este dato sobre el efecto que el agua bendita tiene sobre el demonio! Esto manifiesta el poder que Cristo, como cabeza de la iglesia, ha conferido a los sucesores de los apóstoles que son nuestros obispos. Y ellos, al ordenar a los sacerdotes, les han ungido las manos y les han impuesto las manos haciéndoles partícipes de tal poder en el orden sacerdotal dentro de la jerarquía de la iglesia que es el cuerpo de Cristo. Sobre este tema, el Padre Luis Ayala Fala, sacerdote del Arquidiócesis de Lima y exorcista, explica este efecto sobre los demonios al decir. En primer lugar, nos recuerda nuestro bautismo y el llamado constante a la santificación. El agua bendita sirve como defensa frente al asalto externo del demonio y siempre que exista arrepentimiento puede incluso perdonar los pecados veniales. Al santiguarse con agua bendita al entrar a la iglesia o al finalizar el día a la entrada de su casa, el cristiano católico expresa su deseo de purificación y de protección espiritual, confiando siempre en la gracia de Dios. ¿Cuáles son los medios con los que podemos combatir efectivamente en esta batalla espiritual? Enumeremos cuatro. Número uno, la oración. Vivir en constante oración. Mantén una profunda y sincera conversación con Dios a lo largo de tu día. Él es tu Padre celestial que te ama y quiere ayudarte. Número 2. La Palabra de Dios. Leer y meditar diariamente las Sagradas Escrituras. Poner en práctica sus enseñanzas en nuestra vida. Recuerda que al ser palabra viva, siempre nos quiere decir algo al corazón. Número 3. La vivencia sacramental. ¿Has recibido el sacramento de la confirmación? Es valioso. El Catecismo nos enseña que la confirmación nos arma y nos adiestra como soldados de Cristo para confesar y defender públicamente su nombre contra los enemigos y contra el demonio, al mismo tiempo que nos distingue de los que recientemente bautizados y no confirmados se encuentran aún espiritualmente en la infancia. Además, seamos constantes en el precioso sacramento de la confesión. Es el mejor y más efectivo exorcismo que podemos acceder, porque así estaremos en estado de gracia, en amistad con Dios, pudiendo recibir a Cristo mismo vivo y glorioso en la Eucaristía. Y número 4. Vivencia comunitaria. Acércate a una parroquia, se parte de un grupo de jóvenes o adultos, busca algún apostolado. Ciertamente que la unión hace la fuerza. Gracias por aceptar esta verdad de fe, que es un dogma enseñado por la Sagrada Escritura, la tradición y el magisterio. ¿Sabías que el Cuarto Concilio de Letrán en el año 1215 definió solemnemente que el diablo y los demás demonios fueron creados buenos por Dios, pero que por su propia voluntad se hicieron malos? Cristo los ha vencido con su muerte y resurrección. Por ello es esencial reconocer que el mal No es una fuerza, ni una energía, ni un karma Es un ser angélico rebelde Jesús mismo nos lo reveló en la oración del Padre Nuestro Al enseñarnos a orar así al final Y líbranos del mal Que desde el griego y el latín se traducen claramente No como un mal abstracto, sino literalmente como Líbranos del maligno, líbranos de Satanás Te invito a reflexionar esto a lo largo del día. San Cipriano de Cartago fue un destacado obispo, teólogo y mártir cristiano del siglo III, fundamental en la unidad de la iglesia primitiva. Tras convertirse del paganismo, fue ordenado como obispo de Cartago, defendiendo la fe durante persecuciones romanas, muriendo mártir, decapitado por el emperador valeriano. Sin embargo, sus cartas son de inmenso provecho para quien las lee. Hoy nos sigue animando a ser firmes en este gran combate al escribir. ¡Qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo! Revistámonos de fuerza, hermanos amadísimos, y preparémonos para la lucha con un espíritu incorrupto, con una fe sincera, con una total entrega. ¡Que el ejército de Dios marche a la guerra que se nos declara! El apóstol Pablo nos indica cómo debemos revestirnos y prepararnos cuando dice, Abrochaos el cinturón de la verdad por coraza poneos la justicia bien calzados para estar dispuestos a anunciar el evangelio de la paz y por supuesto tener aferrado el escudo de la fe donde se apagarán las flechas incendiarias del malo tomad por casco la salvación y por espada la del espíritu es decir la palabra de dios Armemos la diestra con la espada espiritual para que rechace con decisión los sacrificios sacrílegos y acordándose de la Eucaristía en la que recibe el cuerpo del Señor, se una a Él para poder después recibir de manos del Señor el premio de la corona eterna. Que estas verdades, hermanos amadísimos, queden talladas en vuestros corazones. Si meditamos de verdad en estas cosas, cuando llegue el día de la persecución el soldado de cristo instruido por sus preceptos y advertencias no sólo no temerá el combate sino que se encontrará preparado para el triunfo Corría el año 1884, cuando tras celebrar una misa, el Papa León XIII tuvo una experiencia mística donde vio a Satanás pidiendo 100 años para destruir la iglesia. Conmocionado, redactó la oración para combatir la influencia del maligno, resultando en que en el año 1886 se ordenó que esta oración se recitara al final de cada misa. Aunque se suprimió en 1964 con el Concilio Vaticano II, papas como San Juan Pablo II y Francisco han instado a los fieles a seguir rezándola. Oremos juntos, recitando con fe esta poderosa plegaria en su forma breve que entona. San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. nuestro amparo contra las perversidades y acechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la milicia celestial, con el poder divino, arroja al infierno a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén. Anímate, elige seguir a Cristo cada día con todo tu corazón. No importa si caes, acércate al sacramento del perdón y confía en su divina misericordia. No temas que Él te sostiene a cada paso. Recíbelo en cada eucaristía. Avanza por el camino de la santidad, pues solamente así somos libres de verdad.

UNKNOWN

¡Gracias!