Libres de Verdad
Mi nombre es Brenda, una mujer cristiana católica por gracia de Dios desde mi nacimiento, y hoy, por convicción.
Más que nunca, el mundo necesita de creyentes y practicantes DECIDIDOS. Ya lo aseguraba santa Teresa de Ávila: "El demonio teme a las almas decididas".
Escucha, conoce, atrévete a seguir a Cristo y vive lo que es una aventura, que no solo vale la pena, sino la vida.
Libres de Verdad
31. Sobrenatural - La Sagrada Eucaristía ¡alimento divino!
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¿Qué pasaría si te dijera que la Hostia Consagrada en la Iglesia Católica NO es sólo pan?
¿Cómo reaccionarías si supieras que los demonios le tienen pavor y huyen, mientras que a los creyentes los alimenta de vida eterna?
¡Tienes que escuchar sobre este tesoro escondido!
Acompáñame y veras.
¿Alguna vez te has sentido perdido, sin misión y esperanza? Yo también experimenté ese vacío, pero un encuentro tocó mi corazón transformando mi vida. Hola, soy Brenda, y hoy quiero recordarte que en medio del mundo podemos perdernos volviéndonos esclavos. Pero hay alguien que ha roto las cadenas del pecado y de la muerte para siempre. Dios lo ha hecho por amor a ti, a mí, por nosotros, para que seamos libres de verdad. Corría el año 1263. Europa vivía tiempos de intensa fe, pero también de dudas y discusiones teológicas sobre la Sagrada Eucaristía. En aquel contexto, un sacerdote alemán que la tradición llama Pedro de Praga, emprendió una peregrinación hacia Roma buscando paz interior. Porque aunque celebraba la misa cada día, sufría una angustia secreta. Le costaba creer plenamente que Cristo estuviera verdadera y sustancialmente presente en la hostia consagrada. Mientras viajaba, el padre Pedro llegó al pequeño pueblo italiano de Bolsena. Allí decidió celebrar la Santa Misa en la iglesia de Santa Cristina. Todo transcurría normalmente hasta que llegó el momento de la consagración. Inclinándose, repitió aquello mandado por el mismo Cristo a sus apóstoles, pidiendo que lo realizaran en memoria suya. No como mero recordatorio, sino trayendo al presente el único sacrificio de la cruz en cada época de la historia humana. En aquel siglo XIII, la misa se celebraba según el rito latino medieval, que más tarde quedó codificado en el llamado rito tridentino o misa de San Pío V, lo que significaba que se recitaba todo en latín. Así que llegado el momento, el padre Pedro acercó su rostro reverente hacia la hostia que sostenía entre sus manos mientras pronunciaba en voz baja. De pronto comenzó a notar algo extraordinario. De la hostia consagrada empezaron a brotar gotas de sangre. La sangre cayó sobre el corporal, ese pequeño lienzo blanco colocado sobre el altar y también sobre la piedra del altar. Aquel hombre de Dios quedó pasmado. Sus dudas se transformaron en temor y asombro. Apenas pudo terminar la misa. En aquel periodo, el Papa de la Iglesia Católica era Urbano IV, quien residía en la cercana ciudad de Orvieto. Por lo que al enterarse del prodigio, ordenó investigar cuidadosamente lo sucedido. Y fue sólo tras la debida investigación que el Papa reconocería tal hecho como signo extraordinario relacionado con la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El corporal manchado de sangre fue llevado solemnemente a Orvieto en procesión. ¿Y qué crees? Aún hoy, el corporal se conserva en la magnífica Catedral de Orvieto, construida en parte para custodiar esta reliquia y promover la adoración eucarística. Pero la historia no acaba aquí. Profundamente impresionado por tal milagro eucarístico, el Papa Urbano IV instituía en el año 1264 la fiesta del Corpus Christi. el Cuerpo de Cristo, para toda la Iglesia de Rito Latino, es decir, en Occidente. Para esta importantísima fiesta, el Papa pidió a Santo Tomás de Aquino que compusiera los himnos, resultando en obras reconocidas como Adorote Devote, Pange Lingua, Tantumergo y Laudación. Vaya milagro que nuestro Señor Jesucristo nos ha dejado, recordándonos esta fiel promesa suya, recogida en el Evangelio según San Juan, que señala Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. ¡Qué interesante lo que nos enseña el Catecismo complementando lo anterior! En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y por consiguiente Cristo entero. Esta presencia se denomina real no a título exclusivo como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente. Mediante la conversión del pan y del vino en su cuerpo y su sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Los padres de la iglesia afirmaron con fuerza la fe de la iglesia en la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión. San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla en el siglo IV, declara que... No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en cuerpo y sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. «Esto es mi cuerpo», dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas. San Ambrosio, obispo de Milán también en el siglo IV, aseguraba, Estemos bien persuadidos de que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado. y de que la fuerza de la bendición supera a la de la naturaleza, porque por la bendición la naturaleza misma resulta cambiada. La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía? Porque no es menos dar a las cosas su naturaleza primera que cambiársela. Aunque en la Biblia el libro de los hechos de los apóstoles no narra explícitamente el momento exacto en que la Virgen María reciba la Eucaristía, la tradición cristiana y la teología consideran seguro que comulgó. Ella formaba parte de la comunidad primitiva de la que el Libro de los Hechos señala que «perseveraba en la fracción del pan». Cristo dio gracias y luego partió el pan. y dar gracias es Eukaristen en griego, de donde obtenemos la palabra Eucaristía, y esta era celebrada frecuentemente por los apóstoles. Siendo entonces bastante probable que la Virgen María recibiera la comunión de manos del apóstol San Juan, el mismo a quien Jesús le dejó como hijo antes de morir en la cruz. ¿Cómo se habría preparado? ¿Cómo habría sido su oración después de comulgar? Un dato conmovedor es que María fue el primer sagrario, porque llevó a Jesús físicamente en su vientre durante nueve meses. El Papa San Juan Pablo II en una encíclica resaltaba que María vivió su fe eucarística, incluso antes de la institución de la Eucaristía, cuando respondió, «Hágase en mí a Dios». dando su vientre puro como tabernáculo para la encarnación de Dios Hijo, nuestro Señor Jesús. De ahí que esta unión íntima entre la Virgen y Jesús Eucaristía es la razón por la que se le conoce como Mujer Eucarística. ¿Cuáles son los frutos que recibimos al comulgar? Dejemos que el Catecismo nos lo indique. La comunión conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el bautismo. La comunión nos separa del pecado. pues el cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es entregado por nosotros y la sangre que bebemos es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Por eso la Eucaristía nos une a Cristo, purificándonos de los pecados veniales, ya que para los mortales hay que acudir al sacramento de la reconciliación. Comulgar, además, nos preserva de futuros pecados pecados mortales, porque fortalece nuestra caridad que en la vida cotidiana tiende a debilitarse. Así que cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper con él por el pecado mortal. La Iglesia, que es madre y maestra, protege y custodia esta verdad de fe, sobre todo en lo proclamado en el siglo XVI en el célebre Concilio de Trento, que comenzó en 1545, convocado por el Papa Pablo III, y del que podríamos decir resume la fe católica al afirmar. Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su cuerpo, se ha mantenido siempre en la iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio. Por la consagración del pan y del vino, se opera la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo, nuestro Señor, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. La Iglesia Católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación. La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo. Leer en los evangelios que los demonios gritaban a través de los posesos al ver a Jesús cimentó mi fe en la presencia real de Cristo y Eucaristía. Los hombres no veían su divinidad con sus ojos humanos, pero los demonios lo reconocían vociferando en diversos pasajes de San Marcos, diciendo, «¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes». Sé quién eres, el Santo de Dios. Tú eres el Hijo de Dios. Como cristiana católica, me impresiona cada vez que leo sobre los grupos satanistas o de brujería que están dispuestos a robar y hasta pagar altas sumas de dinero por una o varias hostias consagradas, ya sea por un obispo o sacerdote. Pero fíjate en este intrigante dato, deben ser específicamente hostias consagradas católicas. Te comparto tres ejemplos recientes que manifiestan que no se trata de un mero pan como creen algunos, sino de Cristo mismo en cuerpo, sangre, alma y divinidad, porque Él mismo prometió entregarse completamente a nosotros. Número 1. Bogotá, Colombia, marzo del 2024. Durante la víspera de Semana Santa, se denunció el robo de una hostia consagrada directamente de la custodia de la Iglesia Santa Bárbara. Los sacerdotes señalaron que este tipo de actos sacrílegos aumentan en esas fechas para realizar rituales de oscurantismo y parodias de ceremonias católicas. Número 2. Kansas, Estados Unidos, marzo del 2025. El arzobispo Joseph Naumann de Kansas City presentó una demanda legal contra un grupo satánico local. El objetivo era recuperar hostias y vino consagrados, que según el grupo fueron robados para ser utilizados en una misa negra con el fin de realizar actos blasfemos. Y número 3. Valladolid, España, enero del 2026. Se registraron robos en el monasterio de La Santa Espina y en capillas de hospitales. La arquidiócesis denunció estos hechos, vinculándolos con ritos satánicos que buscan invertir la simbología de la Eucaristía Católica. Sabías que para un satanista, específicamente dentro de las corrientes que practican el satanismo tradicional o teísta, el robo de una hostia consagrada no es un simple acto de vandalismo, sino un elemento fundamental para sus rituales? Y es que paradójicamente, para que el ritual tenga valor desde su perspectiva satanista, ellos aceptan la premisa católica de la transubstanciación. Es decir, que el pan cambia su sustancia al cuerpo y la sangre de Cristo, así como el vino. Si fuera solo un trozo de pan para ellos, no tendría sentido robarla. La roban precisamente porque creen que contiene una presencia divina que desean profanar. ¿No dice acaso la Escritura que los demonios creen y tiemblan? ¿Te suena el ritual satánico de la Misa Negra? Esta ya desde su nombre, Misa, es una parodia o inversión perversa de la celebración de la Iglesia Católica. En este ritual negro se busca humillar a nuestro Redentor que es Dios, realizando actos de desprecio sobre la hostia, como pisotearla, escupirla o usarla en actos sexuales para demostrar superioridades sobre lo sagrado. ¡Qué impresionante! Dios nuestro Señor se encarnó para morir y salvarnos de nuestros pecados y abrirnos con su resurrección las puertas de la vida eterna y se quedó realmente con nosotros cuando nos lo prometió al asegurar. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia. Sí, Dios está siempre y en todo lugar con nosotros, pero en el pan y el vino consagrados se hace presente de una forma distinta. Tras las mismas palabras de la última cena, dentro de la autoridad de la iglesia que Él fundó hace dos mil años, que perdura aún hoy, los obispos y los sacerdotes sostendrán en sus manos el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de nuestro Rey. En el caso del milagro eucarístico de Bolsena, como escuchamos al inicio con el sacerdote Pedro de Praga, Dios evidencia que la eucaristía es realmente su cuerpo y su sangre. Al estudiarlos, la ciencia arroja siempre el mismo resultado. El tipo de sangre es AB y lo observado es una carne humana, pero no es cualquier músculo, sino específicamente carne del miocardio de ventrículo izquierdo del corazón y por si fuera poco he aquí un dato impresionante los científicos han reportado que el tejido analizado presenta glóbulos blancos intactos y signos de estrés severo o trauma como si el corazón allí estudiado hubiera sido golpeado o sometido a una agonía intensa en el momento de la muestra Esto sí que es un milagro de amor infinito, porque Dios cumple sus promesas y esta no fue la excepción cuando anunció. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne y lo daré para la vida del mundo. ¿Recuerdas que los demonios vociferaban aterrorizados al ver a Jesús? Te ruego por Dios que no me atormentes. Sé quién eres, el Santo de Dios. Tú eres el Hijo de Dios. Pues el Padre Gabriel Amor, sacerdote exorcista del Vaticano durante 30 años hasta el 2016, reveló que los demonios bajo la autoridad de Jesús le confesaron lo siguiente sobre la Eucaristía. Ahí está Él, escondido en ese pan blanco, pero no está oculto para nosotros. Lo vemos y su luz nos quema. Ese pedazo de pan no es solo pan, es el mismo que nos echó del cielo. Lo odiamos pero no podemos acercarnos. Cada minuto que pasan delante de él nos quita fuerza, nos obliga a huir como cobardes. Si los humanos supieran quién está realmente ahí, el mundo entero se arrodillaría y seríamos derrotados para siempre. Se conecta perfectamente con este sorprendente caso histórico que es tan solo un ejemplo entre tantos sobre el poder de Cristo y Eucaristía sobre Satanás. El padre Michael Muller fue un sacerdote alemán, misionero y prolífico escritor en Estados Unidos durante el siglo XIX, y es en su libro titulado El triunfo del Santísimo Sacramento, Historia de Nicola Aubrey, publicado originalmente en 1877, en donde se narra este extraordinario caso. Era noviembre de 1565, cuando la joven Nicola Aubry, tras presentar síntomas de posesión en Vervain, Francia, fue llevada por su familia a Pierre de Lamotte, un sacerdote dominico. Aunque él logró expulsar a varios demonios menores, el espíritu principal, que se identificó como Belzebú, se burló de sus esfuerzos y declaró que sólo abandonaría el cuerpo de la joven ante la autoridad del obispo de Laón. Acontecía así que un año después, en 1566, en Laon, Francia, durante las guerras de religión entre cristianos católicos y protestantes calvinistas, el caso de Nicol atrajo a las masas. ¿Será cierto que la hostia consagrada católica es Cristo sustancialmente presente? Se interrogaban confundidos. Poco a poco, Nicol se iba liberando tras cada rito realizado, pero a pesar de ello, el obispo de la ONU tuvo que llevar a cabo varios exorcismos públicos en la catedral del lugar, utilizando la hostia consagrada en la custodia para su liberación plena. En una ocasión, el demonio Belzebú, irritado, gritó frases que aterraban a los presentes. «¡Él es mi mayor enemigo! ¡Él es quien me obliga a salir!» Mientras a su vez se burlaba de los calvinistas que estaban presentes exclamando, «Ustedes creen que es solo pan, pero yo sé que es su Dios y es Él quien me quema». En efecto, para demostrar la presencia real de Cristo y Eucaristía frente a los calvinistas, los exorcistas utilizaron hostias no consagradas en varias ocasiones. Y estupefactos notaron que Belzebú no reaccionaba ante ellas, pero sí que entraba en agonía inmediata cuando se le acercaba la hostia consagrada en la custodia. Porque es Cristo mismo. Los días pasaron hasta que el 8 de febrero de 1566 llegó. El obispo le presentó la hostia consagrada repetidamente al demonio poseyendo a Nicol y lo hizo con gran insistencia durante la tarde para obligar a Belzebú a salir de manera definitiva. Cada vez que uno de los demonios menores era expulsado, Nicola caía en un desmayo profundo, del que solo despertaba al entrar en contacto con la Eucaristía o recibiendo la comunión. Entonces llegó el turno de Belcebú. Ante la multitud expectante, el obispo colocó la hostia cerca de los labios de Nicole, y de pronto la cara de la joven se puso negra y su lengua se hinchó de forma monstruosa, a lo que el último demonio gritó, «¡Me voy! ¡Me voy! ¡Es ese Dios Pan! ¡Es demasiado fuerte para mí!». Todos vieron que una nube de humo negro salía de su boca y Nicole quedaba liberada instantáneamente, recuperando su estado normal ante la multitud. Aquel día, muchos calvinistas que presenciaron el evento se convirtieron al catolicismo, siendo testigos de cómo el demonio reconocía físicamente la presencia de Cristo en la hostia consagrada. Por su parte, para la iglesia católica de la época, aquel caso fue la confirmación de que el demonio no puede resistir la presencia física de Jesús sacramentado en su presencia eucarística. Tras leer aquel extraordinario caso del siglo XVI, me vino a la mente una pregunta insistente. Si esto provoca Jesús Eucaristía en los demonios, ¿qué hará en el alma que la recibe en estado de gracia? Y al investigar descubrí que la Iglesia encuentra los siguientes regalos celestiales. Una unión más íntima con Cristo. aumento de la gracia santificante, fortaleciendo la amistad con Dios. Perdona nuestros pecados veniales, purificando las faltas leves, fortaleciéndonos a su vez contra el pecado mortal del futuro, ayudándonos a resistir tentaciones y crecer en virtud. Refuerza nuestra unidad con la Iglesia, porque participamos del mismo Cuerpo de Cristo que los demás cristianos católicos en todo el mundo en la Santa Misa. Y podemos añadir lo que muchos santos describen como... recibir los efectos de una serenidad interior, claridad espiritual y un impulso renovado a practicar obras de misericordia. Bien sabemos que los demonios, quienes son espíritus, ángeles caídos, reconocen, creen en su presencia eucarística real y verdadera, pero su pecado es que no adoran, no obedecen. Es así que la hostia consagrada, al ser Jesús glorioso, les quema, los ahuyenta horrorizados del alma en el rito del exorcismo como de aquella que comulga y adora frecuentemente. El amor de Dios es tan grande y fuerte que ha querido mostrarnos hasta qué punto su mensaje es real. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. ¿Cómo lo deja en claro? Existen numerosos casos de fieles católicos que han vivido alimentándose única y exclusivamente de la Eucaristía. Este fenómeno suele llamarse Inedia Mística. Quiero compartir contigo brevemente dos asombrosos ejemplos. Número 1. San Nicolás de Flux. San Nicolás nació en el año de 1417 en Suiza. Fue soldado, campesino, esposo y padre de 10 hijos. Pero a sus 50 años, con el consentimiento pleno de su esposa Dorotea, Nicolás dejó la vida familiar para retirarse como ermitaño en Ranft, donde llevó una existencia de oración, ayuno y consejo espiritual. Y pronto comenzó a difundirse la noticia de que no comía nada. Las autoridades civiles y eclesiásticas desconfiaron inicialmente, pues la iglesia era cautelosa con fenómenos místicos extraordinarios porque podían existir engaños, enfermedades o exageraciones populares. Sin embargo, según las crónicas, se pudo comprobar aquello cuando varios hombres respetados de la región vigilaron a Nicolás durante días y observaron atónitos que no ingería alimentos ni líquidos. Su explicación era clara. Las palabras de Cristo en los evangelios seguían vivas en la doctrina católica en que la Eucaristía no se entiende como alimento biológico normal, sino como alimento sobrenatural y divino del alma. Fue así que, finalmente, el caso de Nicolás de Flux se interpretó como un milagro en el que Dios sostenía también el cuerpo de manera extraordinaria. ¿Sabías que este santo es considerado el patrono de Suiza? Se le atribuye haber ayudado a evitar conflictos civiles entre los cantones suizos mediante consejos de reconciliación, ya que su espiritualidad estaba muy centrada en la pasión de Cristo, la oración silenciosa, la eucaristía y el abandono total en Dios. Número 2. La Beata Alejandrina de Balasar. Este es quizás el caso más documentado científicamente. Alejandrina nació en Balasar, en Portugal. Se relata que a sus 14 años sufrió un accidente grave al lanzarse desde una ventana intentando escapar de un intento de violación. Tal caída fue tan grave que con el tiempo quedó paralizada y permaneció postrada en cama durante décadas. Y ocurre así que desde el año de 1942 hasta su muerte, es decir, durante 13 años y 7 meses para ser exactos, no ingirió ningún alimento ni bebida, manteniéndose en vida solo con la hostia consagrada. Un año después de estar postrada en cama, en 1943, fue observada 40 días en el hospital de Foz do Douro, cerca de Oporto, en Portugal. Según los informes de los doctores, Alejandrina no habría ingerido alimentos sólidos ni líquidos, sino que sólo recibía la comunión. Además, no presentó las reacciones físicas esperadas de una inanición severa. Finalmente, los médicos reconocieron que el caso era difícil de explicar desde los parámetros normales, dando su aprobación completa de que ella realmente se nutría solamente de la Eucaristía y que en aquel caso no había explicación humana. Alejandrina sería beatificada por el Papa San Juan Pablo II en el año 2004. Después de todo, es innegable lo que la Beata, quien se alimentó exclusivamente de la Eucaristía durante 13 años, decía con frecuencia, Jesús es mi alimento y mi vida. Gracias por reconocer que Dios te ama con tanta locura que se ha vuelto no solo hombre para salvarte en la cruz, sino que ha querido quedarse como tu alimento divino. Su cuerpo y su sangre son verdaderamente nuestro alimento bajo las apariencias del pan y del vino. pero tras la consagración es el mismo como lo muestran los milagros eucarísticos. En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Te invito a reflexionar esto a lo largo del día. El himno Laudación fue compuesto por Santo Tomás de Aquino como hemos visto en el siglo XIII por encargo del Papa Urbano IV para la celebración de la fiesta del Corpus Christi tras el milagro de Bolsena. ¿Lo recuerdas? Nunca lo había escuchado yo hasta hoy, por lo que quiero compartirlo contigo, pues el texto traducido de latín al español eleva a los cielos nuestra fe apostólica que siglos después continúa entonando con fe lo siguiente. Sion, alaba a tu Salvador y canta con gozo a tu buen Pastor. Alaba a tu Jefe y Señor, a Cristo, Redentor del mundo entero. Sobre todo elogio, Él está y nunca tu alabanza será plena. El tema de nuestro homenaje es hoy el vivo pan que vida da, el mismo pan que en la cena se dio a los doce apóstoles reunidos. Resuene pues nuestra alabanza, que sea alegre, pura y sonora, pues celebramos hoy la institución de este banquete tan sagrado en esta Mesa del Nuevo Rey, la Pascua de la Eterna y Nueva Alianza. Clausura a la antigua Pascua. El nuevo rito suple al antiguo. Es este el pan de los ángeles que ha sido dado por el cielo a los que marchan por el mundo camino a la patria prometida. Que nunca echemos a los perros el pan que a los hijos se ha donado. Figuras lo representaron. Isaac, dado en holocausto. A nuestros padres del desierto, maná fue regalado en alimento. Y el Cordero de la Pascua, el sacrificio de la antigua alianza. Oh buen pastor, pan verdadero, protégenos y apacientanos. Haz que veamos en la tierra los bienes preparados para el cielo. Que allí seamos comensales contigo y los santos ciudadanos. Amén. Anímate, elige seguir a Cristo cada día con todo tu corazón. No importa si caes, acércate al sacramento del perdón y confía en su divina misericordia. No temas, que Él te sostiene en cada paso. Recíbelo en cada eucaristía. Avanza por el camino de la santidad, pues solamente así somos libres de verdad.