Libres de Verdad
Mi nombre es Brenda, una mujer cristiana católica por gracia de Dios desde mi nacimiento, y hoy, por convicción.
Más que nunca, el mundo necesita de creyentes y practicantes DECIDIDOS. Ya lo aseguraba santa Teresa de Ávila: "El demonio teme a las almas decididas".
Escucha, conoce, atrévete a seguir a Cristo y vive lo que es una aventura, que no solo vale la pena, sino la vida.
Libres de Verdad
34. Cambio - Era ateo ¡pero ahora creo!
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Muchas veces los discursos o el bombardeo de citas bíblicas tienen el efecto contrario en la persona sin fe: lo terminan alejando.
Es allí donde sólo Dios puede actuar; suavizar el corazón endurecido volviéndolo un corazón de carne.
Así le pasó al joven André un día como cualquier otro.
¡Acompáñame!
¿Alguna vez te has sentido perdido, sin misión y esperanza? Yo también experimenté ese vacío, pero un encuentro tocó mi corazón transformando mi vida. Hola, soy Brenda, y hoy quiero recordarte que en medio del mundo podemos perdernos volviéndonos esclavos. Pero hay alguien que ha roto las cadenas del pecado y de la muerte para siempre. Dios lo ha hecho por amor a ti. El necio se dice a sí mismo, no hay Dios. Salmo 14, versículo 1 Es impactante como también San Pablo les escribirá a los romanos lo siguiente. Porque todo cuanto se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos. Dios mismo se lo dio a conocer, ya que sus atributos invisibles, su poder eterno y su divinidad, se hacen visibles a los ojos de la inteligencia desde la creación del mundo por medio de sus obras. Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa. En efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad. Haciendo alarde de sabios, se convirtieron en necios. Me llaman la atención las frases tan potentes y directas del apóstol cuando indica... No tiene ninguna excusa. Se extraviaron en vanos razonamientos. Se convirtieron en necios. Desde la enseñanza de Cristo, custodiada fielmente por la Iglesia, enriquecida con la reflexión y meditación de los discípulos de los apóstoles a lo largo de los siglos, podemos comprender la profundidad de este mensaje bíblico, que al leerlo podría parecernos algo elaborado. Si nos fijamos bien, en esta carta a los romanos, San Pablo nos enseña principalmente que el ser humano puede llegar a conocer la existencia de Dios mediante la razón, observando la creación. Siglos más tarde veremos cómo tal enseñanza fue desarrollada con mayor amplitud por teólogos como Santo Tomás de Aquino, hasta ser formulada oficialmente en varios concilios. Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica explica que «A partir del movimiento y del devenir, del orden y de la belleza del mundo, se puede conocer a Dios como origen y fin del universo». Por otra parte, cuando el apóstol afirma que los hombres no tienen excusa, la iglesia reconoce en ello que toda persona posee cierta capacidad para buscar la verdad y reconocer a Dios. Pero resalta que al mismo tiempo, esta capacidad está herida por el pecado original. De manera que, aunque la razón pueda llegar a Dios, frecuentemente se ve oscurecida por errores, pasiones, intereses o condicionamientos culturales. Escuchemos nuevamente la última advertencia de San Pablo que dice Haciendo alarde de sabios, se convirtieron en necios. Esta es una llamada de atención muy fuerte sobre caer en la soberbia intelectual. Y es que cuando el hombre rechaza a Dios voluntariamente, puede terminar confundiendo el bien y el mal, alejándose así de la verdad. Esto no significa que todo no creyente sea necio, ni que la ciencia sea mala, pues la iglesia reconoce el valor de la razón, la filosofía y la investigación científica. Lo que San Pablo critica es la autosuficiencia humana, que pretende explicar toda la realidad excluyendo a Dios. ¿Cómo podemos resumir todo lo anterior? en que San Pablo les escribe una carta a los romanos, dejándoles pistas muy valiosas sobre la fe y el abrirse voluntariamente a este don divino. Entonces, distinguimos así que Dios ha dejado huellas de sí mismo en la creación, resultando en que en la razón humana pueda reconocer su existencia. Por ello, el ser humano tiene la responsabilidad de buscar y aceptar la verdad, pero el pecado y la soberbia pueden oscurecer nuestro juicio. Recordemos también que la fe no destruye a la razón, sino que la fe la perfecciona y la conduce a una comprensión más plena de Dios. No hace mucho tiempo ocurrió algo inesperado. Un joven de 20 años, convencido y ateo militante, sería tocado por el suave bálsamo del amor divino, derramado sin el saberlo cuando se encontraba ante el sol. Pero no ante el astro que calienta nuestros cuerpos desde lo alto, sino cuando se encontró ante el sol divino. Jesús se eucaristía en la hostia consagrada dentro de la custodia que muestra como si numerosos rayos brotaran del centro del sol. Era el momento de adoración eucarística en nada más que un pequeño lugar, un día que parecía como cualquier otro. Porque Dios no necesita hacer alarde de grandes ruidos y luces para mostrar su amor infinito y su poderío. Por ejemplo, leemos en la vida del profeta Elías en el Antiguo Testamento que Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto se encendió un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Sí, en esta suave brisa estaba el Señor. La revista digital Alfa y Omega, editada por la Fundación San Agustín y vinculada al Arzobispado de Madrid, nos narra el extraordinario momento en que Dios tocó a la puerta del joven André Frossard y cómo él la abrió. André Frossard nació en Francia en 1915. de abuela judía, de madre luterana, pero más tarde atea, y de un padre, Ludovic Oscar Frossard, que al ser diputado, ministro durante la Tercera República y primer secretario general del Partido Comunista Francés, educaría al pequeño André en un ateísmo total. por lo que el cristianismo era algo ajeno a su educación. Nada significaban para él las campanas de las iglesias cercanas escuchadas en las navidades de su infancia, en la que todos por las calles se vestían con trajes de domingo. Es por eso que, ante tal contexto de ausencia de fe, resulta extraordinaria su conversión. Todo comenzó cuando André Frossard, un joven de 20 años, había quedado de verse con un amigo de nombre André Willemain, que trabajaba con él en el diario L'Intransigeant, que del francés significa El Intransigente, un periódico inicialmente de izquierdas, aunque había derivado hacia el nacionalismo. Su amigo Willemain es un católico ferviente y practicante, aunque tiempo atrás, a sus 15 años, había perdido la fe. Sin embargo, retornó al cristianismo por una causa en apariencia insignificante. Su amigo Willemain, al haber asistido a una conferencia del filósofo católico Stanislas Fumé, oyó hablar por primera vez de Ernest Hello, un escritor y crítico literario del siglo XIX. Los elogios apasionados que lanzó en aquel momento Stanislas Fumé a la obra de Ernest Hello, quien había sido un místico y apologista cristiano, hicieron recapacitar a Willemot sobre la escasez de sus conocimientos de literatura, pues su vanidad hasta entonces los consideraba extraordinarios. Aquel detalle de humildad le llevó a la necesidad de entrar por primera vez en muchos años a rezar en una iglesia. Pero Willemain se equivocaba al pensar que su joven amigo Frossard se haría cristiano como él, por razonamientos intelectuales. De hecho, su amigo Fossag ya le había devuelto sin hacer casi ningún comentario el libro del filósofo ruso Nikolai Berdyaev titulado Una nueva edad media. Confosá no parece servirlo de otros conversos, la lectura de pasajes bíblicos o de obras de espiritualidad. ¿Cuál será la frase oportuna que lo dejará sin palabras? Pensaba. Queda sólo el recurso combinado de la amistad y de la oración, dejando a Dios obrar a su manera y en el tiempo oportuno. Esa tarde de verano, André Frossard se impacienta en la calle mientras su amigo Willemain ha entrado en la capilla de las Hermanas de la Adoración Reparadora, situada en la calle Rue Guélusac de Paris. Eran las 5 y 10 de la tarde del lunes 8 de julio de 1935. Al joven Frossard el edificio no le llama la atención por su valor artístico, pero impaciente tras la larga espera de su amigo, que no sale de la capilla, el joven se decide a entrar y buscarlo. Cruza la puerta. y el lugar le resulta bastante gris, pues sus vitrales apenas reflejan la luz del exterior. La única expresión de colorido es un altar decorado con ramas de flores. Allí se da cuenta de que las religiosas cantan vísperas a dos voces, junto a algunos fieles que rezan arrodillados, entre ellos su amigo católico Guilemán. No obstante, aún nada de esto despierta el interés de José que al instante fija su mirada únicamente en una cruz de metal que es iluminada por algunos sirios y de pronto detiene y fija su vista ante el segundo sirio situado a su izquierda dos palabras vienen entonces a su mente vida espiritual no es una voz ajena la que las pronuncia pero tampoco son una reflexión personal, pues nuestro protagonista ha sido educado en el materialismo, filosofía que rechaza totalmente cualquier fenómeno sobrenatural, incluyendo a Dios, el alma o el más allá. Pero de manera intrigante, las palabras resuenan en su mente, vida espiritual. Para Frossard, estas palabras se traducirían en una evidencia que se hace presencia de Dios. Son dulzura, aunque no una dulzura pasiva, pues van acompañadas de una alegría inefable y desbordante, similar a la del náufrago, rescatado cuando menos podía esperarlo, o parecida a la de un niño que de pronto se da cuenta de que en la vida todo es gracia, todo es don. Poco después, una vez fuera, en la terraza de un café cercano, Frossard, impresionado y profundamente tocado en su corazón, se atreve a realizar ante Guilhemin una profesión de fe diciendo, «Soy católico, apostólico y romano, porque ha descubierto que si el cristianismo es verdad, entonces hay una verdad con V mayúscula». Su alegría nos recuerda de manera sorprendente a la de la fundadora de las hermanas de la adoración reparadora, capilla en donde él mismo vivió aquello sobrenatural. Pues la felicidad de André al confesar aquello de ser ahora católico, nos hace pensar en la madre Teresa del corazón de Jesús que exclamaba. ¿Quién podría expresar lo que siento de felicidad y alegría? Me parece estar soñando. y a menudo me estremezco ante la idea de despertarme. Es providencial que tanto ella como André Frossard experimentara la presencia de Dios, no en la misma época, pero sí en el mismo lugar. Desde aquel día lunes 8 de julio de 1935, la vida de André Frossard cambió para siempre, tanto que relató su experiencia en unas memorias que perduran tocando numerosos corazones hasta hoy, titulado Dios existe, yo me lo encontré. Pero es en su libro Dios en preguntas, publicado en 1990 y dirigido según sus propias palabras a los creyentes ancianos y escépticos que se cuestionan a sí mismos? Pues es en dicha obra en donde mejor describe este momento de su encuentro con la verdad cristiana que Fossard compara con una explosión de luz silenciosa y suave al relatar. Al abrir la reja de hierro del convento me encontré siendo ateo. Al ingresar, la multitud a contraluz solo me ofrecía sombras entre las que no distinguía a mi amigo, y de pronto vi una especie de sol radiante al fondo del edificio. No sabía que era el Santísimo Sacramento. Esta luz, que no veía con mis ojos físicos, no era de las que nos iluminan y nos broncean. Era una luz espiritual, como una luz que enseña y como la incandescencia de la verdad que invirtió definitivamente el orden natural de las cosas. Desde que la vislumbré, casi podría decir que para mí solo existe Dios. Su irrupción abrumadora y que lo abarca todo, viene acompañada de una alegría que no es otra que la exultación del salvado, de que es en el momento en que soy elevado hacia la salvación que me doy cuenta del lodo en el que sin saberlo estaba sumergido y en que me pregunto, viéndome todavía medio sumergido en él, cómo pude haber vivido y respirado allí. El artículo de Alfa y Omega continúa describiendo lo acontecido después. A quienes le preguntaban, tu padre era socialista, tú eras socialista. ¿Entras en una capilla y ahora eres cristiano? Si hubieras entrado en una pagoda, serías budista. En una mezquita, serías musulmán. A lo que André respondía irónicamente, a veces salgo de una estación de tren sin ser un tren. Por su parte, a todos los que conocía, les repetía incansablemente. No solo tengo fe en Dios, me lo he encontrado. Toda la verdad se halla en la iglesia católica. La verdad es alguien, es Jesucristo. ¿Qué puedo hacer si el catolicismo es verdadero? ¿Si esta verdad es Cristo quien quiere ser encontrado? Somos nosotros quienes hemos perdido la pasión por convencer, por dar testimonio, por convertir. Y es que para el joven André, desde aquel instante al salir de la capilla, había comenzado una nueva vida, la vida de verdad, solía expresar. Admitiendo que se sentía como un recién nacido listo para el bautismo, para el cual en efecto comenzó a prepararse de inmediato, comentando después. Lo que el sacerdote me contó sobre el catolicismo ya lo esperaba y lo recibí con alegría. La enseñanza de la Iglesia Católica es verdadera hasta la última coma y lo anoté en cada línea. Y como la gracia de Dios se desborda por donde pasa, más tarde serán su madre y su hermana quienes lo siguieron en el camino de la conversión a la iglesia. La revista Alfa y Omega culmina con una preciosa reflexión que nos invita a ser siempre testimonios vivos de fe, pues nunca sabemos cómo Dios obra en los corazones. Lo que le sucedió al joven André Fossard puede sucederle a cualquiera, al mejor, al menos bueno, a quienes no saben e incluso a quienes creen saber. Él mismo contará en uno de sus muchos testimonios que en los conversos se produce un encuentro. La Biblia nos habla del encuentro de Magus, en donde los discípulos reconocen a Cristo. Fue un encuentro luminoso, como lo fue en mi caso. De repente... El ser humano descubre a la persona divina y ya no se siente solo, porque gracias a la fe y la caridad, a través del sufrimiento y la muerte, la persona regresa al Dios del amor que le dio la existencia, que lo envuelve y lo espera. Jesús dijo... El viento sopla donde quiere. Tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así, Cristo comparaba al Espíritu Santo, que es Dios, con el viento. Es libre, soberano, invisible y actúa de maneras que la razón humana no puede contener ni predecir. Es cierto que Dios puede elegir mostrarse en una visión, en un sueño, a través de un éxtasis. Pero, si te fijas, suele ser una forma extraordinaria y sobrenatural para algunos. y con finalidades siempre trascendentales en su vida de fe. Pero si se llaman extraordinarios, ¿cómo se manifiesta Dios en nuestro día a día, de manera silenciosa pero real? Mírate a ti mismo. ¿Quién te ha soñado con amor para crearte de la nada? Nuestros padres han engendrado nuestro cuerpo, pero ¿y el alma? ¿Quién la hizo inmortal y la infundió de forma directa e inmediata en el mismo instante de tu concepción? La Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Tres personas pero un solo Dios que te ama desde siempre. Mírate de verdad, tu corazón late, tus pulmones mantienen su ritmo de respiración, tu cerebro realiza su tarea, pero al mismo tiempo tu espíritu anhela algo más grande e infinito. En su primera carta a los tesalonicenses, San Pablo, quien heredó de la filosofía griega y la teología judía, afirmaba que el hombre tenía una composición tripartita al escribir. Que el Dios de la paz lo santifique plenamente para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser. espíritu alma y cuerpo hasta la venida de nuestro señor jesucristo a lo que el catecismo complementa espíritu significa que el hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural y que su alma es capaz de ser sobre elevada gratuitamente a la comunión con dios Podemos resumirlo como que el alma es lo que nos da vida, conciencia, voluntad y entendimiento. Esta es creada directamente por Dios y es inmortal. Y que por su parte, aunque siempre somos un todo, cuerpo y alma plenamente, podemos explicar que el espíritu no es una entidad distinta del alma, sino que define su apertura a lo divino. Podemos comprenderlo como que el espíritu muestra que el ser humano fue creado para un fin sobrenatural y con la capacidad de elevarse grandemente gratuitamente para entrar en comunión con Dios. El Espíritu representa la dimensión donde actúa la gracia divina, como lo hace el Espíritu Santo. Piénsalo. Si tenemos hambre, debe existir alimento que sacie nuestra hambre. Si tenemos sed, debe existir algún líquido que colme tal necesidad fisiológica. Si tenemos sueño, el cuerpo debe ser capaz de renovar su energía a través del descanso. Entonces, si el hombre tiene hambre y sed de infinito, debe existir un ser infinito que lo colme y que le haga comprender, no solamente el mundo material en que se mueve y existe, sino el gran por qué y para qué existe todo ello, tomando en cuenta su delicado orden y belleza. Ese es Dios. Un Dios que no se quedó en lo alto de su gloria, sino que se despojó de ella, tomando la condición de siervo, para sufrir y morir dolorosamente por ti. Para que algún día, si así lo quisieras, estés a su lado eternamente. Gracias por descubrir conmigo la impresionante historia de André Fossard que nos enseña que para Dios nada es imposible. En el silencio, en una capillita y ante la luz de las velas en que Jesús se hacía presente durante la adoración eucarística sin palabras ni discursos elevados, Dios derramó su gracia llegando a lo más profundo de su ser. El regalo de la fe llegó hasta él y el joven lo aceptó para nunca mirar atrás. Dios te busca a cada instante, llama incansablemente a la puerta de tu corazón. El amor verdadero no obliga, invita, propone, abraza incondicionalmente. ¿Has perdido la fe? Renuévala y redescúbrela hoy. ¿Tienes dudas? Cuéntaselas al Señor que quiere saber todo de ti y deja que Él actúe en tu vida. Tú solo necesitas estar atento, dispuesto a dejarte maravillar por el único amor fiel que no tiene fin. Te invito a reflexionar esto a lo largo del día. Era el siglo XX. Edith Stein fue una destacada filósofa alemana de origen judío que abandonó su fe para convertirse en atea. Nacida en 1891 en Breslavia, en el seno de una familia judía ortodoxa, Edith perdió la fe durante su adolescencia, declarándose abiertamente atea para enfocarse en el estudio y la filosofía. se convirtió en una brillante intelectual y feminista, siendo la primera mujer en doctorarse en filosofía en Alemania en 1916, obteniendo la máxima calificación suma cum laude en la Universidad de Friburgo. Pero será durante la Primera Guerra Mundial, debido a su contacto con el dolor, lo que la llevaría a una profunda crisis espiritual. Era atea, sí, pero su razón y su sed de la verdad la impulsaban a seguir buscando. Se cuentan dos anécdotas sobre su conversión. La primera, cuando un día visitando la Catedral de Friburgo, con simples intenciones turísticas, vio entrar a una aldeana con la cesta de la compra y arrodillarse para una breve oración. Esto fue para mí algo completamente nuevo, confesó. En las sinagogas y las iglesias protestantes que he frecuentado, los creyentes acuden a las funciones del culto comunitario. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia católica desierta, como si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido. La otra escena sucedió en casa de un campesino católico, donde se había hospedado durante un paseo. Le causó una fuerte impresión ver al padre de familia reunirse con sus trabajadores en la mañana para una oración antes de marchar a las labores del campo. También cuando alrededor de 1918 leyó los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, llevada por un interés académico, aunque al percibir la densa espiritualidad contenida en esa obra, realizó los 30 días de meditaciones, de los que salió con el ferviente deseo de hacerse católica. Aún así, debió vencer algunas luchas internas antes de llegar a la conversión definitiva. Llegaría el verano de 1921. Edith fue invitada a pasar unas semanas en la finca de una amiga en Alemania. Una noche, sola en la casa, tomó sin mayor interés un libro de la biblioteca. Al menos eso parecía, pues Dios colocaba en sus manos el libro Vida de Santa Teresa de Ávila, escrita por ella misma. Me puse a leerlo. Contará después. Y de golpe quedé cautivada y no me detuve hasta el final. Cuando cerré el libro me dije, aquí está la verdad. Al día siguiente, Edith compró un catecismo y un misal. Y después de estudiar meticulosamente su contenido, asistió por primera vez a misa. luego de la cual buscó al párroco para pedir el bautismo, que recibió pocos meses después, el 1 de enero de 1922. Edith amaba mucho a la Virgen María, lo que queda impreso en esta frase. Y ahora, dejemos sonar en nuestros oídos la segunda frase de la Virgen. He aquí la esclava del Señor, que se haga en mí según tu palabra. Esa es la expresión más perfecta de la obediencia. Ejerció como profesora hasta que el ascenso del nazismo le prohibió enseñar por su origen judío. En 1934 ingresó a la Orden de las Carmelitas Descalzas tomando el nombre de... Teresa Benedicta de la Cruz, donde continuó con sus profundos escritos filosóficos y teológicos. Finalmente, debido a su origen judío, fue arrestada por la Gestapo en los Países Bajos y deportada al campo de exterminio de Auschwitz, donde fue asesinada en las cámaras de gas el 9 de agosto de 1942. Fue canonizada en 1930 por el Papa San Juan Pablo II, quien también la declaró copatrona de Europa. Con gran razón diría la joven que pasaría de ser judía, atea y finalmente ferviente católica. Dios es la verdad. Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente o no. Anímate, elige seguir a Cristo cada día con todo tu corazón. No importa si caes, acércate al sacramento del perdón y confía en su divina misericordia. No temas que Él te sostiene en cada paso, recibelo en cada eucaristía. Avanza por el camino de la santidad, pues solamente así somos libres de verdad.