Libres de Verdad
Mi nombre es Brenda, una mujer cristiana católica por gracia de Dios desde mi nacimiento, y hoy, por convicción.
Más que nunca, el mundo necesita de creyentes y practicantes DECIDIDOS. Ya lo aseguraba santa Teresa de Ávila: "El demonio teme a las almas decididas".
Escucha, conoce, atrévete a seguir a Cristo y vive lo que es una aventura, que no solo vale la pena, sino la vida.
Libres de Verdad
36. Poderío - ¡In hoc signo vinces!
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Esta frase en latín tiene un significado poderoso...
¡Jesús le mostró a un hombre, hace siglos, el signo con el que vencería en una gran batalla!
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Vas a sorprenderte
¿Alguna vez te has sentido perdido, sin misión y esperanza? Yo también experimenté ese vacío, pero un encuentro tocó mi corazón transformando mi vida. Hola, soy Brenda, y hoy quiero recordarte que en Medio del Mundo... podemos perdernos volviéndonos esclavos. Pero hay alguien que ha roto las cadenas del pecado y de la muerte para siempre. Dios lo ha hecho por amor a ti, a mí, por nosotros, para que seamos libres de verdad. A inicios del siglo IV, el imperio romano estaba dividido y gobernado por cuatro líderes a la vez, un sistema llamado tetrarquía. Este sistema fracasó porque todos querían el poder absoluto, desatando una guerra civil. El emperador Constantino gobernaba en el norte de Europa. la Galia y Gran Bretaña, mientras que su cuñado, Magencio, se autoproclamó emperador en Roma. Ambos sabían que la convivencia era imposible y que solo uno podía controlar el lado occidental del imperio. Sucede así que en el año 312 d.C., Constantino decidió tomar la iniciativa, cruzó los Alpes con su ejército y avanzó decididamente hacia Roma para derrocar a su rival. Por su parte, Magencio lo esperó a las afueras de la ciudad, junto al río Tíber, bloqueando el paso en el puente Milvio. Se decidía el futuro político y religioso de Europa. Pero, ¿qué ocurrió un día antes de aquella batalla? ¿Del 27 al 28 de octubre de aquel año 312, justo antes de la batalla del puente Nilvio? el emperador Constantino marchaba hacia Roma con unos 40.000 soldados. Sin embargo, su rival Magencio lo esperaba dentro de la ciudad con un ejército que duplicaba el suyo. Se cuenta que eran cerca de 100.000 hombres, además de contar con el respaldo de los sacerdotes paganos. Consciente de su desventaja militar, Constantino comenzó a buscar la ayuda de una fuerza divina su superior a los dioses tradicionales de Roma. Sobreviene así lo inesperado. Era el mediodía del 27 de octubre. Mientras el ejército marchaba a plena luz del día, Constantino y sus soldados vieron en el cielo una señal milagrosa. Una gran cruz de luz superpuesta sobre el sol. Junto a la cruz aparecieron escritas unas palabras en griego, EN TUTO NICA. que el historiador Lactantio tradujo a latín como In hoc signo vincis, con este signo vencerás. El emperador y sus hombres quedaron asombrados y temerosos a la vez, sin entender del todo el significado de aquella visión. Cayó la noche del mismo 27 de octubre. Mientras Constantino dormía, Jesucristo se le apareció en sueños. Cristo le mostró el mismo símbolo que el emperador había visto en el cielo y le ordenó que fabricara una réplica exacta, llamado lábaro o estandarte real. También, dentro aún de aquel sueño, Jesús le mandó pintar el emblema sagrado, el crismón, formado por las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo, una X y una P, y que los colocara en los escudos de todos sus soldados como protección divina. Al amanecer, Constantino, asombrado por aquel impactante sueño, obedeció la orden. Los soldados pintaron el monograma de Cristo, una X y una P, en sus escudos y avanzaron con el nuevo estandarte al frente. No obstante, en lugar de quedarse protegido tras las murallas de Roma, su rival Magencio cometió el error táctico de salir a luchar cruzando el río Tíber. por lo que la carga de la caballería de Constantino desmanteló las líneas enemigas. En medio del caos de la retirada, el puente Milvio, provisional de madera que Magencio había construido, se derrumbó. Magencio y miles de sus hombres, pesadamente armados, cayeron al agua y se ahogaron, dando paso a una victoria aplastante. Constantino entró triunfante a Roma, atribuyendo su victoria milagrosa de inmediato al Dios de los cristianos, al único Dios verdadero. Tras su victoria en la batalla del Puente Milvio, Constantino favoreció abiertamente al cristianismo, considerándolo una fuerza unificadora para el imperio. Dando paso a que un año después, en el año 313 d.C., Constantino y Licinio, emperador de Oriente, se reunieran en Milán estableciendo el Edicto de Milán, un acuerdo político que aunque no convirtió al cristianismo en la religión oficial, sí le dio estatus legal y un poder de expansión sin precedentes al cristianismo. Ya no serían perseguidos, sino respetados como las demás religiones. Cuando escuché sobre este enfrentamiento, me vinieron a la mente todas aquellas ocasiones en que el pueblo de Israel se vio expuesto a sus enemigos, que la mayor parte del tiempo eran más numerosos y fuertes que ellos, humanamente hablando. Pero con Dios de su lado, la balanza siempre se inclinaría a su favor. Escucha este precioso pasaje del libro del Deuteronomio, capítulo 20, versículos del 1 al 4. Cuando salgas a combatir contra tus enemigos y veas caballos, carros de guerra y un ejército más numeroso que tú, no les tengas miedo. El Señor, tu Dios, el mismo que te hizo salir de Egipto, está contigo. Y cuando ya estén prontos para entrar en combate, el sacerdote se adelantará, hablará al pueblo y les dirá, Ahora ustedes están próximos a entrar en batalla contra sus enemigos. Tengan valor, no teman, ni se angustien, ni tiemblen ante ellos, porque el Señor, su Dios, los acompaña y Él combatirá en favor de ustedes para darles la victoria sobre sus enemigos. Así le ocurriría al emperador Constantino, quien observó en el cielo la señal milagrosa, una gran cruz de luz superpuesta sobre el sol, y junto a la cruz aparecía escrito en griego, con este signo vencerás. Años después, San Juan Crisóstomo, un destacado teólogo, arzobispo de Constantinopla y uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia en Oriente, escribía en su homilía del Viernes Santo del año 392 lo siguiente. «Antes la cruz era un castigo, ahora es objeto de honor». Antes símbolo de condenación, ahora es principio de salvación. Por la cruz ya no vivimos en viudedad, pues hemos recibido al Esposo. No tememos al lobo, porque hemos encontrado al buen pastor. Gracias a la cruz no tememos al tirano, porque estamos sentados al lado del Rey. La plataforma digital aleteya.org nos descubre aún más sobre esta señal de Cristo al inicio del cristianismo cuando nos relata que... Los primeros testimonios se remontan a la época de los padres de la iglesia y se refieren al pequeño signo de la cruz, el único entonces en uso, hecho con el pulgar generalmente en la frente, a veces en otras partes del rostro y después sobre el cuerpo. Por ejemplo, Tertuliano, gran escritor, teólogo y apologista cristiano, nacido en Cartago entre los siglos II y III, ya menciona un uso personal y difundido del signo de la cruz mucho tiempo antes de la señal vista por Constantino. Y es que Tertuliano escribió en el año 211, dentro de una de sus importantes obras, esto que dice. Si nos ponemos en camino, si salimos o entramos, Si nos vestimos, si nos lavamos o vamos a la mesa, a la cama, si nos sentamos, en estas y en todas nuestras acciones nos marcamos la frente con el signo de la cruz. Asimismo, tenemos el ejemplo de San Hipólito de Roma, destacado sacerdote, teólogo y escritor de la iglesia primitiva que murió mártir. Es en su obra titulada La Tradición Apostólica, redactada originalmente en griego alrededor del año 215 d.C., que leemos Si eres tentado, haz con piedad la señal de la cruz en tu frente. Este signo de la pasión es un signo manifiesto y conocido contra el diablo. Haciendo con la mano la señal de la cruz sobre nuestra frente y nuestros ojos, alejamos al que intenta exterminarnos. ¿Sabías que según la tradición apostólica, en el siglo III, durante el último exorcismo con el que se manda al espíritu enemigo que se aleje de los candidatos al bautismo, se les trazaba un signo de la cruz sobre la frente, las orejas y sobre la nariz? La costumbre de signarse también el pecho se remonta al siglo V, naciendo en el Oriente Cristiano, difundiéndose después en la Galia y en el ritual romano, al principio de la lectura del Evangelio. Finalmente, el uso de un gran signo de la cruz nace en los monasterios hacia el siglo X, pero probablemente se remonta a épocas anteriores, especialmente en el uso privado. Una de mis aclamaciones favoritas a lo largo del día, cuando me siento agobiada, preocupada, sobrepasada por las circunstancias en mi vida, es cuando entono con firmeza y esperanza, Cristo vence, Cristo reina, Cristo gobierna. Estas aclamaciones se apoyan en textos bíblicos como el Apocalipsis, que proclama a Jesús como Rey de Reyes y Señor de Señores. Y dentro de las cartas de San Pablo, en donde afirma a los corintios que es necesario que Él reine. Anunciar con convicción, «Christus vincit», «Christus reñat», «Christus imperat», Era para los cristianos de hace siglos un acto de resistencia espiritual, un recordatorio de que aunque Roma los matara, el verdadero poder pertenecía a Cristo. Luego, este lema se empleará en las coronaciones de los reyes recordándoles que todo poder legítimo viene de Dios, que los monarcas no gobernaban por sí mismos, sino como vicarios de Cristo Rey. Podemos decir que es un himno de triunfo del cristiano que se sabe vencedor y protegido en la peregrinación de esta vida hacia la vida eterna, pues reconoce con ello que el demonio, el pecado y la muerte ya han sido derrotados. Por eso el cristiano no vive con miedo, sino con esperanza invencible. Recuérdalo, nuestra misión es reinar con Cristo, transformando el mundo desde la caridad y la verdad. Personalmente lo he experimentado en la lucha espiritual como un grito de batalla contra Satanás, por lo que hoy como los mártires debemos proclamarlo con los labios y con la vida. Grábalo en tu corazón y entónalo seguido, Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera. Me impactó leer este dato histórico que Católicos.eu nos comparte y que dice así. La aclamación Christus Vincit Christus Reignat, Christus Imperat, fue efectivamente un poderoso símbolo de resistencia espiritual y patriótica frente a la opresión durante la Segunda Guerra Mundial. Este antiguo himno, que se remonta a las aclamaciones litúrgicas medievales, fue rescatado por los católicos franceses a partir de 1940. Pintadas estas frases en las paredes de París, sirvieron de aliento para mantener la esperanza histórica la identidad nacional de Francia en el momento más oscuro de la ocupación nazi, proclamando decisivamente a Cristo como el único rey. ¿Qué tesoro de historia tenemos en la Iglesia Católica? La Iglesia que durante casi dos mil años nos ha enseñado y educado en la fe apostólica. Ejemplo de ello es una de las muchísimas reflexiones hechas por el Obispo de Hipona, San Agustín, en el siglo V, quien en su comentario al Evangelio de San Juan, predicó algo precioso que todavía resuena hoy. Si dijéramos a un catecúmeno, ¿Crees en Cristo? Responde, Creo, y se signa. Ya lleva en la frente la cruz de Cristo, y no se ruboriza de la cruz de su Señor. Ved que ha creído en su nombre. Jesús, el Hijo de Dios, la Palabra de Dios mediante la que todo se ha hecho, el único igual al Padre, se hizo mortal. porque la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Jesús cogió pues la muerte, en la cruz colgó a la muerte, y de esa muerte misma son liberados los mortales. Cristo está en la cruz. ¿No es Cristo la vida? Y sin embargo, Cristo murió. Pero en la muerte de Cristo murió la muerte, porque la vida muerta mató a la muerte. Engullida en el cuerpo de Cristo quedó la muerte. Mientras tanto, hermanos, para ser sanados del pecado, miremos de momento a Cristo crucificado, porque como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Como quienes miraban la serpiente no morían por las mordeduras de las serpientes, así también quienes con fe miran la muerte de Cristo, Son sanados de las mordeduras del pecado. Pero para una vida temporal eran sanados de la muerte aquellos. Este en cambio dice, para que tengan vida eterna. ¿Cuánto me ha ayudado a ser perseverante en mi fe el santiguarme al despertarme, al salir o entrar a casa, antes de comer, al entrar a una parroquia o en necesidad de protección divina? Es un gesto breve, fácil, pero de una profundidad tal que tiene efectos en el mundo espiritual. No luchamos contra los hombres, sino contra los demonios. Esta señal nos recuerda una y otra vez que hemos sido comprados al precio tan alto de la cruz, que somos orgullosos seguidores de Cristo, quien transformó un instrumento de maldición en una victoria sin fin. El número de dedos utilizado al hacer la señal de la cruz también está lleno de significado, ya que tres dedos abiertos simbolizan a la Santísima Trinidad. Y los dos dedos unidos manifiestan las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana. Cuando nos santiguamos con la mano abierta, esos cinco dedos nos recuerdan las cinco llagas de Cristo. Algunos besan el dedo pulgar al final al decir amén, algo que no es necesario, pero que simboliza darle un beso a la cruz formada por el pulgar doblado sobre el índice. Como hemos visto, ya desde la temprana iglesia fundada por Cristo, sus seguidores nos animaban a invocar sobre nuestras frentes, bocas o pecho la señal del triunfo de Jesús. Cada vez que lo realicemos estamos invocando a la Santísima Trinidad. Al santiguarse, el creyente recuerda el momento de su bautismo, cuando fue consagrado a Dios. Es considerado un escudo contra el mal y las tentaciones, invocando el auxilio divino ante las dificultades. La señal de la cruz es un distintivo visible de la fe cristiana católica y un acto de orgullo humilde por la religión. Gracias por reconocerte como un guerrero del más alto y digno Señor, Jesús nuestro Rey y Salvador. Él ha preparado un instrumento con el que siempre triunfarás de tus enemigos espirituales y terrenales, la cruz. Atrévete a seguir sus mandamientos, a ser misericordioso, a mantenerte firme y atento a las necesidades de tu prójimo. No fuiste hecho para mirar al suelo, sino para alzar la mirada a lo alto, al Te invito a reflexionar esto a lo largo del día. San Ambrosio, obispo de Milán, en su comentario al Salmo 118, redactado aproximadamente entre los años 386 y 390, nos invita a reflexionar sobre los contrastes entre la divinidad y la humanidad de Cristo, el misterio de su pasión y la redención de la humanidad entera. Cristo clavado en el árbol de la cruz fue atravesado por la lanza y salió sangre y agua más dulce que todo ungüento víctima grata a Dios expandiendo por todo el mundo el perfume de la santificación al hacerse hombre siendo verbo se impuso límites a pesar de que era rico se hizo pobre para enriquecernos con su miseria era poderoso Y se presentó como un miserable, hasta el punto de que Herodes lo despreciaba y se reía de él. Era capaz de hacer temblar la tierra y sin embargo permanecía clavado a aquel árbol. Era capaz de cubrir el cielo con las tinieblas, de crucificar al mundo, y sin embargo, él fue crucificado. Su cabeza desfallecía y sin embargo, en ese momento, se manifestaba el verbo. Había sido anulado y lo llevaba todo. Dios descendió y elevó al hombre. Se había convertido en una herida y sin embargo manaba de él un cuento. Parecía innoble y sin embargo era Dios. Anímate, elige seguir a Cristo cada día con todo tu corazón. No importa si caes, acércate al sacramento del perdón y confía en su divina misericordia. No temas que Él te sostiene en cada paso. Recíbelo en cada eucaristía. Avanza por el camino de la santidad, pues solamente así somos libres de verdad.
UNKNOWN¡Gracias!